Escritura
Autoimagen y responsabilidad — más allá de la pregunta “¿soy el malo de la película?”

“¿Seré yo el malo de la película?” La mayoría de las veces, cuando alguien formula eso en voz alta, no está pidiendo un veredicto lógico. Está buscando alivio. Quiere oír que no, que la etiqueta no aplica, que la narrativa sigue limpia. Usada en serio, en cambio, la pregunta cumple otra función: romper el guion en el que uno siempre es el héroe de la historia.
Ese guion casi nunca se escribe de manera consciente. Aparece cuando hace falta conservar una imagen ordenada de uno mismo: coherencia interna, pocas grietas, explicaciones que calman. Durante un tiempo incluso puede darnos calma y sensación de estabilidad. Hasta que los resultados dejan de acompañar.
Cuando la narrativa encaja y la realidad no
Los mismos conflictos, los acuerdos que no se cumplen, las disculpas que suenan a trámite. Ahí aparece una fricción incómoda: puedo ser coherente con mi historia y aun así estar fallando en hechos medibles. El quiebre no es moralizar con etiquetas; es aceptar datos que no favorecen y que exigen cambio de conducta, no solo de discurso.
Ser “el malo” en este sentido no es adoptar un rol cinematográfico. Es admitir acciones o patrones que lastimaron, perdieron confianza o repitieron el mismo resultado. Sin ese paso, la historia interna sigue ordenada y el mundo externo sigue igual.
La realidad no está para proteger la autoimagen
La realidad describe lo que ocurre. No mejora porque tengamos una explicación brillante ni porque sintamos arrepentimiento performático. Mejora, cuando mejora, porque cambia algo concreto en lo que hacemos después del insight. La mejora empieza cuando toleramos ser el “villano” en la historia de alguien mientras asumimos responsabilidad en la próxima decisión.
Relación con el trabajo creativo y las marcas
En proyectos de diseño pasa una variante menor: equipos que prefieren una narrativa de “hicimos todo bien” antes que leer métricas incómodas o escuchar usuarios reales. El paralelo es útil: el oficio avanza cuando el mapa se ajusta al territorio, no al revés.
Si estás al frente de una marca o un negocio y quieres que la comunicación refleje con honestidad lo que ofreces, hace falta el mismo tipo de rigor: menos performance de coherencia, más compromiso con pruebas. En Escarlet nos gusta ese clima de trabajo; puedes ver quiénes somos y cómo contratar proyectos con alcance claro.
- Separar hechos repetidos de interpretaciones tranquilizadoras.
- Pedir feedback externo cuando la narrativa interna lleva demasiados capítulos iguales.
- Elegir una conducta nueva medible en semanas, no solo un insight.
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